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domingo, 8 de septiembre de 2013

Constantinos, el impulso profesional

Dr. Claudio Sepúlveda-Álvarez
Ámbar (Contra el olvido)

La vida sigue su curso.
Multifacética, enriquecedora, nostálgica o dolorida, desafiante a veces, Cuatro años desde la partida de Chile me han dotado de una profesionalización internacional que me permite enfrentar tareas diversas y responsabilidades crecientes, apoyadas en la formación y la experiencia adquirida en la tierra patria. Que parecen cada vez más sólidas, a medida que se conocen y compara con las realidades que me rodean. Abordo conjuntos de participantes –como el que ahora me rodea en esta pequeña sala de trabajo, venido de todos los rincones de Asia- con parsimonia, conocimiento local interdisciplinario, en inglés, como si ésta fuese predestinación desde mi lejana y provinciana educación Concepción-de-Chile. Allí, donde, desde el colegio primario, pasando por el Liceo y la Universidad, durante veinticuatro años, nunca saliera de un kilómetro cuadrado de terreno!

Hoy, 1978, me separan 25.000 kilómetros. Físicos. Los del intelecto son más.

Estoy en Bangkok, en el Instituto de Desarrollo para el Asia, lo más próximo del latinoamericano ILPES que uno pueda imaginar. Hasta Raúl Prebisch nos ha visitado hace algún tiempo, sorprendido de encontrar un latinoamericano en las antípodas. Hoy, dicto una conferencia sobre las repercusiones sociales de la urbanización, con especial referencia a la demanda, oferta y acceso a servicios sociales. Chile es precursor. Urbanizado como lo está desde hace varias décadas. Hasta sus experiencias en organización comunitaria suburbanas son relevantes, en una parte del mundo donde la solidaridad es un valor practicado con búdico convencimiento.


Desde hace algunos minutos una voz, vecina, proveniente de la sala colindante, interfiere con mis elucubraciones societales. La voz habla en inglés tan acentuado como el mío, aun si lo es de manera distinta. Timbre curiosamente familiar… dónde pude haberlo oído? No hay indicio alguno, pero mi atención se desdobla, iniciando una búsqueda acústica en alguna parte de mi cerebro.

El receso de media mañana nos hace salir hacia la pequeña cafetería que, al fondo del patio, nos cobija a todos en tales ocasiones. El ruido de sillas que nos alcanza, indica que no seremos los primeros en terminar labores, Encontraré al dueño de la tal voz, no hay duda. El recinto de la cafetería tiene unos treinta metros cuadrados, festoneados por cortinas azules en las ventanas, y manteles de batik también azulado, en las pequeñas mesas. Los dos aparatos de aire acondicionado  -marca Carrier- hacen un ruido inútil mientras las aspas de tres ventiladores giran, colgados del techo. Los aromas de la cocina thai –omnipresente a toda hora, cui-tio nam, cao-phat- invaden la atmósfera. Junto a una ventana distingo a Vinyu Vichit-Vadakan, el aristocrático Director de Instituto hijo de Luang (Conde) Vichit-Vadakan, protagonista de la constitucionalización de la monarquía tailandesa de los años `30, acompañando una figura, vagamente familiar –también ésta!- que me da la espalda. Vinyu me hace señas con una mano. Me aproximo.
-Quisiera presentarle...dice, dirigiéndose al extranjero, que se da la vuelta en ese instante...
-Costi/Claudio!!
Las interjecciones son simultáneas.
- ...ya veo que no necesitan presentación, termina Vinyu, con su sonrisa de Bhuda terrestre, acentuado la linearidad y el arco de párpados y labios.
Por cierto! Ahí estaba la familiaridad de timbre y figura.
 Retrocedo en el tiempo. Es todavía 1973.

Las olas de la bahía de Lima golpean la línea interminable del malecón –entonces llamado de los Franceses, hoy 28 de Julio-, encaje proximal de ese mar-sábana, infinito, que se extiende ante mí, sentado en el onceavo o doceavo piso, sin caso línea alguna de separación entre mar y cielo, plomos de igual matiz, convenciendo a cualquiera de que la bóveda terrestre no puede ser sino eso, una curva bóveda. La impresión de tristeza es física, imagen gemela de la reina en nuestros corazones. El golpe militar chileno ha tenido ya lugar, nuestros hijos no han llegado aún, no sabemos dónde ir, los compatriotas desembarcan cada día por cientos en una Lima que resiente tanto chileno, memorias de un pasado trágico, con igual ejército protagónico, despertándose con cada nuevo arribo. Lo sabrán ahora, no es la nacionalidad lo que pudo alguna vez separarnos…
 

Constaninos Vaitsos a la izq.
Suena el timbre. Estoy solo. Angélica, nuestra anfitriona, y Doris, mi esposa, han salido a alguna compra imprescindible. Cierro el amplio ventanal de cristal, las olas del mar acallándose en la transposición. Atravieso el amplio living, rodeado por todas partes de piezas de arte, especialmente pictórico, oscilando desde el colonial quiteño al contemporáneo menos ortodoxo, Matta incluído. Angélica es dueña de la galería de arte, razón única de su vida desde el término de su matrimonio. Hasta descubrir a Alexos. Alexos es el pequeñín de los vecinos del departamento homólogo, hijo de una pareja griega que trabaja para el Pacto Andino. Al abrir la puerta, es el joven economista –tendremos más o menos la misma edad- el que se apoya en el umbral, un manuscrito en mano.

-            Hola! Aquí está lo prometido.

 Al parecer tan solo como yo, nos sentamos a discutir la promesa. Que no es tal. Sino una gentil respuesta a mi muestra de interés por su trabajo. Vaitsos. Constantinos, que así se llamaba mi interlocutor, me había traído un borrador de su investigación sobre Transnacionales en la Industria Farmacéutica en América Latina. Más específicamente, Colombia. Tal vez el primer trabajo en su índole. Sí, Habíamos tropezado con tales transnacionales durante el Gobierno Popular.


-      Lo recuerda? digo ahora, haciendo alusión a aquel manuscrito de hace cinco años.
-         Fue una primera prueba de fuego, responde Costi. Probable parte responsable  de mi posterior  nominación al Ministerio de Economía, a la caída de los Coroneles.
-     Comprendo. El mundo es tan ancho… Pero, fíjate, he iniciado un estudio similar para los países de ASEAN – el Pacto Andino del Sudeste Asiático…
-      Pues es de la experiencia del Pacto para ASEAN de la que he venido a hablar. Pero, nunca me dijiste por qué te interesaba aquel trabajo. Medicamentos, se entiende, es médico. Pero, la industria farmacéutica como tal, por qué?
-       Es una larga historia. Fue tu concepción de la transferencia de precios la que desencadenó mi interés. Verás. En el Chile de Salvador Allende, una de las cuarenta medidas tenía que ver con el alto precio de los medicamentos. Con lo poco que sabíamos, imaginamos que tales precios se debían al fraccionamiento de la compra de principios activos. Al comprar en gran escala, las economías así obtenidas nos permitirían reducir los precios al consumidor.


-       Hm! Alguien debió advertirles que era entrar en la boca del lobo…No separar formulación de formas farmacéuticas, de producción de principios químicos activos, es la regla de oro para maximizar ganancias...
-        Efectivamente. Nadie nos advirtió. Las transferencias de las compañías formuladoras, esto es declarar altos precios de los pagos a las productoras de materia prima, sus casa matrices, permitía declarar utilidades mínimas. Chocamos con la fuente misma de las ganancias.
-        Y qué sucedió entonces?
-        Hacia fines de 1971, habíamos llamado a propuestas internacionales para los principales principios activos de ese entonces, algún tranquilizante, antibióticos…
-        Dónde?
-        Londres. Parecía el punto más adecuado. Con conexión indirecta a los USA, pero fuera de ellos. Vino el boicot, desaparecieron los remedios del mercado chileno. Las farmacias nunca tenían nada, Hasta recuerdo al Ministro de Hacienda llamándonos porque no encontraba su antiácido favorito. No entendíamos qué pasaba.
-        Y cómo lo resolvieron?
-        Tuvimos que llamar a consejo a la industria en pleno. Su respuesta, en apariencia, era simple. Las condiciones de inestabilidad dijeron, los hacían fabricar sólo para un mes en lugar de los habituales tres. Unido a ello, el efecto de un público que, al encontrar un medicamento escaso, compraba tres veces más, en previsión. Combinados estos efectos, el mercado era abastecido para diez día en lugar de noventa. En el escaparate eso se ve como que nunca hay nada.
Simple. La luz se hizo refulgente, Las apariencias lo eran todo. Pero esa no era la manera en que el Gobierno Popular enfrentaba su tarea de resolver las necesidades reales de la población. No las simples percepciones del mercado.
-        Pero lo podemos resolver en una semana, llegan las palabras del portavoz de la industria.
- Cómo?
La escueta pregunta del personero de gobierno traduce la perplejidad que nos embarga a todos.
-        Abasteciendo desde Argentina, y reanudando las escalas de producción normales para tres meses.
-        El precio?, pregunta el Ministro , en profunda desazón.
-        Que discontinúen su abastecimiento centralizado y nos permitan volver a la práctica por compañía, como hasta ahora.
Tuvimos que transar. Ahí murió la medida de medicamentos baratos.

-        Era obvio, dice Costis. Ellos perdían todo el mecanismo de transferencia de precios. Adiós ganancia. No podían permitirles hacer eso.
-        Así lo entendí al leer tu trabajo. Ahora, quisiera hacer un estudio similar para ASEAN. Pero aquí va más allá. Estos países son tan poblados –sólo Thailandia tiene cincuenta millones de habitantes- que los mercados locales son muy grandes. Podrían no sólo importar en gran escala, sino también fabricar materias primas localmente.  Mayor ahorro aún.
-        Te deseo suerte, dice Costis, Pero no es simple la tarea, 
-        Te daré el diseño para que me dés tu opinión

Quince años más tarde, hacia 1992, nos reencontramos una vez más.


En Antalya. La costa sur de Turquía es un paraíso turístico. Costis y Nikki, asisten, como Doris y yo, a una reunión mundial del PNUD. Al son de esas danzas masculinas que hacen imposible diferenciar un griego de un turco –son literalmente iguales- , le cuento el resultado de aquellas investigaciones, terminadas y publicadas a mediados de 1980, casi quince años antes. Se había hecho todo, en los cinco países que ASEAN tenía entonces. Los resultados eran bastante asombrosos, las diferencias de precios para un mismo producto final –la caja de remedios, el frasco, que se compra en la farmacia- podían ser de 1 a 10, dependiendo del origen, mes del año, demanda, tamaño del pedido, etc… Los gobiernos y las agencias participantes PNUD, ESCAP, UNTAD, UNIDO, UNICEF lo habían acogido con entusiasmo. OMS se había excluido del estudio. Pero habían heredado la segunda fase del financiamiento, diez veces más alta. No mi Instituto que, entretanto, había prácticamente desaparecido, conmigo y grupo yendo a parar a la Comisión Económica y Social para Asia y el Pacífico.

La industria endógena nunca se había consolidado.
-        Ya me imaginaba algo así, dice Costis con una mueca.
-        El poder de las Transnacionales es inmenso.
-        Me pregunto cómo será aquí, contesto con una sobra de entusiasmo por reeditar correrías del pasado.
-        Llegarías a la misma conclusión, dice Costis.
Se llama Globalización de las economías.
Habla el técnico y el ex Ministro. Escucha otro ex técnico, de ojo político en desuso. Es verdad. Las conclusiones serían las mismas.
Y el resultado.
Sólo el subproducto ha sobrevivido.
Esta amistad, que dura décadas.




lunes, 1 de abril de 2013

Recuerdos de juventud


Ariel  Ulloa
01 deAbril 2013

En una Jam Session durante festival de Jazz que organizamos desde la FEC,  Allí figuran de izquierda a derecha (de pie) Darío Pulgar, Héctor Troncoso, Toro, Claudio Sepúlveda, René Sáez, Jaime Santamaría, Ariel Ulloa, Jorge Quintana  Juan Saavedra, sentados JJ Schirwer y Silvia Muñoz.
He militado en el Partido largos 55 años. No se borran de mi mente y menos de mi corazón, los muchos avatares, alegrías y sinsabores, victorias y derrotas que durante toda una vida gocé y sufrí en el seno de una organización que ha llenado tantas páginas de la historia de Chile. Ciertamente que muchos acontecimientos de la vida partidaria me son ajenos, pero no desconocidos. No me son desconocidos  por la sencilla razón que hasta 1990 desde el núcleo hasta el Comité Central en todo momento y en particular los 19 de Abril, era  obligatorio recordar la historia e incluso los episodios turbulentos de la vida del Partido. Nadie estaba eximido  de recordar los sueños de la República Socialista de 1932, esa locura idealista de un grupo de civiles y militares que pretendieron asaltar el Palacio de Invierno a orillas del Mapocho. Los socialistas no teníamos derecho a olvidar a Marmaduque y Hugo Grove, Oscar Schnacke Vergara, Eugenio Matte, Ricardo Latcham, Arturo Bianchi, Luciano Kulcewsky, Eugenio González, Carlos Charlín, Oscar Parrau, Federico Klein, Manuel Mandujano, Astolfo Tapia, Eleodoro Domínguez, Enrique Mozo Merino, Juan Díaz Martínez. Tampoco a  los otros que habían emigrado desde el Partido Comunista de Chile Sección Chilena de la Tercera Internacional huyendo de las persecuciones al trotskismo, Natalio Berman, César Godoy Urrutia, Pablo López, Manuel Hidalgo y Ramón Sepúlveda Leal. Es decir, este partido también hizo suyo aquello  del asilo contra la opresión.  A partir de 1990 y con el retorno a la democracia “en la medida de lo posible”, la vida y las costumbres cambiaron. El partido quiso olvidar y ser otra cosa. La Marsellesa con el puño en alto ya no fue motivo de orgullo y desafío socialista sino más bien de “cosa del pasado” .Además incomodaba en especial a la inmigración de raigambre cristiana que nos invadió. Fue parte del precio que debimos pagar para sentarnos  a la mesa del Chile posible, la otra  fue la obligada claudicación de nuestros principios. Había que “mirar al futuro”.
                 
Bueno, pero en eso estamos. Muchos de mis viejos camaradas descontentos y con amargura infinita  han dejado el Partido otros  han pasado a engrosar la desperdigada y vasta legión de la disidencia.    Yo me inscribo entre estos últimos, pero en el lote de la disidencia activa. Pertenezco al grupo   de aquellos que pataleamos y moriré haciéndolo.  En esa línea es que he aceptado la petición de la Dirección y enfrenté la última elección como candidato a Concejal en Concepción y gané.

Mis viejos tíos, los profesores Haydee Azócar y Víctor Troncoso Muñoz, ambos normalistas y por supuesto fundadores del PS, fueron quienes inyectaron en mí  ideas que habían  cruzado el Atlántico huyendo de las persecuciones de los últimos monarcas europeos. Para ellos el primer embate ideológico provino de Bakunin padre de una de las tantas corrientes anarquistas. Se lo escuché muchas veces a mi tío Víctor con el antecedente de que también Allende había recibido esa influencia, aunque sin militar en ella. El zapatero porteño Demarchi había sido por años el mentor ideológico de Salvador. Por lo tanto su pecadillo anarquista no era importante, en todo caso era compartido. Ciertamente que fueron ellos quienes me introdujeron en las ideas que me llevarían a militar en la FJS un par de años después de aterrizar en la Universidad de Concepción para estudiar Medicina.

Mi origen netamente campesino y de familia radical, además de mi enseñanza básica salesiana, me orientaban hacia posiciones más bien conservadoras. Quizá si fue el espíritu rebelde de la juventud y la refriega entre el fascismo y la democracia -muchos de los curas de mi colegio valdiviano eran italianos pro fascistas- lo que me llevó a posiciones contestatarias. No de izquierdas, sino simplemente antifascistas. Luego vinieron los rumores de las victorias del Ejército Rojo, la epopeya de Stalingrado y con ellos el conocimiento de que había una cosa que alguien llamó la “Rusia Obrera y Campesina”.  Creo entonces que mis tíos Víctor y Haydee y la conflagración mundial que fue la Tercera Guerra,  me endilgaron en los trancos iniciales hacia las posiciones de izquierda.
                       
Fue así como aterricé en Concepción el mes de Marzo de 1957. Había sido aceptado entre los 70 alumnos que ese año ingresaríamos a la Facultad de Medicina. La mayoría de estos 60 muchachos y 10 muchachas, éramos de origen más bien modesto. Con mi maletita de mimbre, mis esperanzas y un gran temor a lo desconocido, toqué la puerta de la casa del Dr. Edgardo Enríquez Frodden en la Avenida  Roosevelt. Me abrió la puerta un muchacho delgado y de cabello muy negro, era Miguel. Luego apareció un señor alto y de aspecto severo en traje de oficial de marina, era don Edgardo. Curioso el asunto para muchos, pero no es así. Mi padre, radical de Lanco, conocía bien a su “correlija” Doña Inés Enríquez a quien había ayudado en su elección como diputada por Valdivia. Ella me entregó a la responsabilidad de su hermano quien, además se autonombró como mi apoderado. Era la usanza de los tiempos. De ahí en adelante tuve una  estrecha relación con don Edgardo- además profesor de la cátedra de Anatomía- que con los años devendría en amistad y que se prologaría hasta su fallecimiento. Mis compañeros de curso, en su mayoría gente de izquierda, contribuyeron a que el huasito sureño se sacudiera y soltara poco a poco sus alas. Entre los ya militantes de la FJS recuerdo a Carlitos Hinzpeter González, padre de quien fue Ministro del Interior de Piñera, quien llegó a ser el Jefe de la poderosa Brigada Universitaria Socialista y que abandonaría el Partido luego de la guerra de los seis días en la que el PS optó por la causa palestina y árabe, Osvaldo Presser tan activo y de gran formación ideológica, Gisela Schoenwald de entrega absoluta a la causa, y otros cuyos nombres no recuerdo. También estaba Edgardo Condeza quien no recuerdo haya militado pero que si era un hombre de izquierda por cuanto su padre tengo entendido militaba en el trotskismo. Varios jóvenes comunistas también convivían con los socialistas en este curso, entre ellos Julito Álvarez, el negro Salas, el Pato Rojas y Alberto Newman. Yo más bien me dedicaba al deporte y al estudio. Sin duda alguna que nuestros profesores en la escuela en los primeros años influyeron decididamente y entre ellos en particular nuestro Director el Dr. Rafael Darricarrere, el Champa Daboud, Rolando Merino, Jorge Peña Delgado y varios otros. Por esos años la Escuela de Medicina, bajo la batuta de Darricarrere y del Dr. Gustavo Molina de la Universidad de Chile, iniciaba un gran viraje. Se trataba de formar médicos para la realidad chilena. Es decir profesionales que comprendieran e hicieran suyos los profundos problemas que vivía la sociedad chilena. Poco a poco fui entendiendo las cosas que mis tíos socialistas me habían tratado de explicar. En el Tercer año mi vida cambiaría definitivamente. El joven campesino conservador del sur entró en otra etapa.

 Por aquellos tiempos los estudiantes contaban con representación formal en los Consejos de Facultad y en el Consejo Superior de la Universidad y en nuestro caso se elegía todos los años en Asamblea de estudiantes de la Escuela el Delegado Estudiantil ante la Facultad. En general se elegía para el cargo a algún alumno de cursos superiores, es decir de cuarto para arriba. Cuál no sería mi sorpresa cuando en la asamblea citada para el efecto el Presidente de nuestro Centro de Estudiantes, el “Loro” Rivera me propuso como candidato. Lo hizo de manera inconsulta y desconozco hasta hoy las razones que tuvo. Yo era un imberbe que a lo mejor era un buen estudiante pero nada más. Tanto fue mi susto que ni siquiera fui capaz de negarme. Estaba aterrorizado, pero mis compañeros de curso presentes me zamarrearon y animaron. Gané por lejos y fui de manera brusca propulsado nada menos que a la oficina del Decano el temible Prof. Dr. Ivar Hermansen Pereira. El hecho llamó la atención de mis compañeros y desde luego de los grupos políticos universitarios que eran tremendamente activos. Pronto comenzaron a conversar conmigo y de manera rápida aterricé en la Brigada Universitaria Socialista que era lejos la más chuchoquera con el “Potello “Tapia”, el “Cara de Gallo” Quintana y el “Chifilo” Rosales a la cabeza. Los tres grandes oradores y curaguillas empedernidos. Señores absolutos de la bohemia penquista. Grandes camaradas que jamás he olvidado.
                  
Mi gran amigo y camarada Luis Enríquez -Administrador Municipal cuando ejercí por seis años la Alcaldía de Concepción- y en aquel tiempo miembro de la directiva regional de la FJS fue quien me hizo la ficha de ingreso. Así me lo recuerda siempre. Ya ingresado a la familia comenzaría a escuchar las historias de sus grandezas y sus grandes batallas contra los “beatos” que así llamaban despectivamente a los jóvenes DC que desde hace años dominaban sin contrapeso en todas las federaciones universitarias de Chile. Por las aulas universitarias de Concepción pasaron grandes figuras del socialismo regional y nacional y que dejaron huella duradera. Salomón Corbalán gran senador y cuya muerte prematura nos llenó de congoja, Fernando Vargas, Galo Gomez, Hugo Zemelmann, Pablo Dobud, todos presidentes de la FEC hasta que nos arrasó la ola falangista en 1955, Gerardo Espinoza, diputado y Ministro del Interior de Allende, María Elena Carrera, Luis Jerez, Fernando Ilhe “el maestro”, Rafael Darricarrere, Rolando Merino Sanchez y muchos otros. Ellos eran los inspiradores de nuestra juventud militante.

Llegaron  luego las Escuelas de Cuadros. Necesarias  absolutamente en nuestra formación como “cuadros políticos”, título que nos llenaba de orgullo pero que era el escalón anterior al del “revolucionario profesional”, categoría leninista a la que solo la entrega total permitía llegar. Jamás aspiré a aquello y sólo recuerdo que un camarada de la BUS aparentemente llegó hasta ese altar revolucionario,  Luis Cruz. Cierta vez se me acercó y con aire de superioridad y misterio me hizo el anuncio, “dejo la universidad para entregarme a la revolución”. Nunca más le vi.  El Partido nos grabó a fuego en nuestros corazones juveniles su carácter de partido revolucionario, latinoamericanista, internacionalista y no alineado además de su condición de marxista.  En cuanto a las normas de vida interna había que respetar el carácter colectivo de la dirección política, la democracia interna y la capacidad de crítica y autocrítica de sus militantes. Así nos formamos y muchos nos mantenemos fieles a tales principios devenidos a menos producto de un  pragmatismo exagerado y las necesidades de un proceso de redemocratización del país que han llevado al partido al oportunismo más grosero. Todo esto sin necesidad, por cuanto para renovarse no era necesario renegar de nuestra historia, raíces y menos de nuestros sueños. La caída de los muros fue un pretexto por cuanto en este Partido nunca respetamos y menos levantamos o nos escondimos tras muros y menos dogmas. Siempre fuimos un partido sin vaticanos y resistimos con fuerza a los entrismos de todo tipo. Hoy las cosas son diferentes y ni siquiera defendemos con fuerza las ideas laicas y republicanas que inspiraron a Allende. Bueno, veremos que ocurre en el futuro.

En mis años de juventud ciertamente que hechos y procesos externos influyeron y mucho en nuestra condición de jóvenes revolucionarios. Era la época de la guerra fría y el enemigo principal era el imperialismo. La Revolución de Octubre nos llegó al corazón de nuestros sueños. Es claro, poco o nada conocíamos de los proceso de Moscú pero si sabíamos y admirábamos a los gloriosos combatientes del Ejército Rojo que dieron al traste con el nazismo y sus afanes de dominio mundial. Luego la Revolución Cubana y sus barbudos que desde la Sierra Maestra pusieron en jaque a las burguesías dominantes no solo en la Isla sino en toda América Latina. Junto a Miguel Enríquez, Bautista Van Schowen, el “bombita” Gutierrez, Taty Allende, Claudio Sepúlveda y otros militábamos en el núcleo Sierra Maestra y no podía ser de otra manera. Fidel y sus compañeros eran nuestro faro y brújula. Raúl Ampuero y Aniceto Rodríguez nos trajeron la influencia yugoeslava, árabe y tercermundista. Vivimos en su momento pendiente de la lucha de Liberación del pueblo argelino. Los nombres de Ahmed Ben Bella y Houari Boumediene pasaron a formar parte de nuestro acervo y también de nuestro encendido discurso en la asambleas universitaria. Hubo núcleos y Seccionales que tomaron su nombre. Allende y otros muchos nos hicieron mirar con atención la Revolución mexicana, Pancho Villa Y Emiliano Zapata eran tema obligado en nuestras publicaciones. Nosotros, jóvenes socialistas que soñábamos con alcanzar el cielo con la mano, nos inspirábamos en todos ellos. Luego vino el Che y su muerte heroica en el Camiri boliviano a quien muchos jóvenes socialistas, entre ellos Taty Allende, Arnoldo Camú, Elmo Catalán y otros-, siguieron en su lucha por la libertad de Bolivia. Algunos cayeron  en el intento de Teoponte.  Vendría el 68 francés con miles de jóvenes que en las calles de París rayaban muros con consignas curiosas pero inteligentes y profundas al fin, “seamos  realistas, exigimos lo imposible”. En estos 80 años es bueno que recordemos estas cosas. Es nuestra historia, pero también es la historia de muchos sueños hoy dejados de lado en nombre del orden y el realismo. Es precisamente por eso que la juventud  nos ha abandonado entregándose a las ideas vacías de un anarquismo sin sentido o, lo que es peor, al llamado “nihilismo”.

En Octubre de 1962 perdimos la elección de la FEC con Domingo Claps, lo sentimos mucho pero las derrotas frente a la JDC no eran novedad. Resulté elegido Secretario de Educación de aquella directiva y por lo tanto pasé a ser Delegado estudiantil al Honorable Consejo Superior de la Universidad. Llegaba así a las ligas mayores y asomaba la cabeza al liderazgo máximo estudiantil. Eran los tiempos en que el Partido activaba a las masas con su política de Frente de Trabajadores con Raúl Ampuero a la cabeza. La BUS había llegado a unos 200 militantes activos y vociferantes y no estaba mal en una Universidad de 3000 estudiantes. La política de Frente de Trabajadores restringía seriamente nuestra política de alianzas y nos impedía todo acercamiento hacia los jóvenes radicales afincados desde siempre en la Escuela de Derecho. Sus 250 votos eran vitales para ganar la presidencia estudiantil.  Miguel Enríquez y su grupo proveniente del Liceo Enrique Molina y con quien militábamos en el núcleo Sierra Maestra se había transformado poco a poco en el adalid de las políticas anti-radicales. El obstáculo entonces para ampliarnos no era menor.  Beatriz Allende y Jorge “bombita” Gutiérrez -verdadero ideólogo del futuro MIR- editaban la revista oficial de la BUS, Revolución. Con el tiempo la incidencia de las posiciones pro-chinas de Miguel y compañía ganarían un peso mayor en esa revista. Pedro Santander y sus compañeros de Medicina editaban por su parte la voz del equilibrio, Horizonte. Era un hecho que 1963 se presentaba promisorio desde el punto de vista electoral, pero había que acercarse a la juventud radical, de lo contrario no alcanzaba. Así se hizo. Sería mi futura polola Alejandra Tesser de la filas de la JJCC la que se ganaría el apoyo de los radicales y en particular de los leguleyos. Ella es hasta hoy mi esposa. Ganamos por 50 votos en la elección de Octubre y fue el éxtasis. Nunca olvidaré esos días, viajaron desde Santiago todos los principales dirigentes del Partido a conocer a los nuevos líderes juveniles que alzábamos el puño cerrado en una mar de jóvenes DC que campeaban en todas las federaciones estudiantiles. Recorrimos las calles de la ciudad encabezados por Allende, Ampuero, Oscar Núñez, Salomón Corbalán, Galo Gómez y tantos otros. Ya se vislumbraba la presidencial de 1964 y nuestra victoria ayudaba en la futura batalla de Allende.

Eran otros tiempos. Recuerdo que Raúl Ampuero decía “Este Partido tiene la rara particularidad de ser de todos y no ser de nadie”.  Desgraciadamente hoy constituimos un archipiélago de islas fraccionales con capos de lote a la cabeza. Hay que luchar para volver a ser lo que fuimos.